La propuesta de Ciudadanos sobre ‘muerte digna’, a examen

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El sistema ha cobrado vida propia, y ahora son las autoridades sanitarias quienes deciden sobre la vida y la muerte en los casos más caracterizados, con casi completa independencia de la opinión de los pacientes y, no pocas veces, incluso de los familiares.

Fernando Paz / La Gaceta– A instancias del diputado de Ciudadanos Francisco Igea, las Cortes españolas han aprobado esta semana la admisión a trámite de una proposición de ley sobre “muerte digna.”

En la presentación del proyecto, Igea ha justificado su postura: «Esta ley es necesaria porque defendemos la igualdad de todos los españoles, también para morir.” Algunas fuerzas políticas se han negado a secundar esta iniciativa porque encuentran que no añade nada nuevo a la actual situación legal en España, pero el parlamentario centrista insiste en que “más de 50.000 pacientes al año mueren sin unos cuidados paliativos de calidad porque sigue existiendo el ensañamiento terapéutico, quien cree que puede imponer el dolor a sus pacientes por sus creencias.”

Polémica

Informativamente, la comparecencia del señor Igea ha vuelto a suscitar dos cuestiones: de un lado, la eutanasia; de otro, la insistente insinuación de que desde algunas instancias se quiere imponer una determinada moral.

De acuerdo a la perspectiva de lo que se ha requerido a la cámara, no se entiende bien qué es lo que sugiere el señor Igea cuando habla de imposiciones morales, pues la propuesta -una ley de cuidados paliativos- no tiene en principio relación con la eutanasia, y nadie se opone a ella.

Quizá el señor Igea ignore que los cuidados paliativos son verdaderamente una alternativa a la eutanasia, y muy eficaz, por lo que han sido precisamente quienes rechazan esta los que más han peleado porque se brinde a los enfermos terminales dichos paliativos. La realidad es que menos de un 1% de estos pacientes reclaman la eutanasia cuando les han sido suministrados dichos cuidados de forma correcta, porcentaje que arrincona el suicidio asistido al terreno de lo marginal.  

Un falso argumentario

Por supuesto, eso no parece disuadir a los partidarios del suicidio asistido. Su legalización se plantea como un jalón más en la consecución de la autonomía moral del individuo, un modus operandi largamente esgrimido en otras muchas ocasiones; pero que constituye, sobre todo, la reedición de un fraude argumental.

Porque la apelación a la libertad individual es solo una primera etapa en el largo camino a recorrer. Excusa argumental, no queda nada de ella una vez conseguido el objetivo.

Más allá del discurso, siempre discutible, se extiende la realidad. Donde la eutanasia ha sido aprobada, la primera víctima ha sido la libertad personal. Los casos de Bélgica y Holanda, países donde está regulada por ley, muestran cómo la presión existente para que los ancianos y enfermos renuncien a la vida cada día es mayor.  

Un caso inquietante

La aprobación legal de la eutanasia en Holanda pretendió basarse en esa libertad individual, pero la verdad es que en una gran cantidad de casos es la familia o son las autoridades quienes deciden sobre la vida del paciente.

Originariamente, la ley que se elaboró en el año 2000 estableció los requisitos que se exigían para ser objeto de la eutanasia, incluyendo la libre, voluntaria y consciente petición del paciente en situación de sufrimiento extremo. Había de quedar claro que a nadie que no lo hubiera pedido se le aplicaría la eutanasia.

De hecho, el protocolo legal es impecable. Antes de tomar una decisión que pudiera ser fatal, el facultativo está obligado a pedir una segunda opinión a un colega e informar a una comisión de control -integrada por un jurista, un médico y un experto en ética-, que dictaminarán si el procedimiento practicado ha cumplido las disposiciones de la ley. Incluso la eutanasia sigue figurando como delito en el Código Penal y el médico puede ser condenado hasta a 12 años de cárcel en caso de incumplimiento de los requisitos legales.

Década y media más tarde, la realidad es bien distinta, y de aquellas promesas apenas sí queda algo. En 2010 la eutanasia se amplió a los pacientes inconscientes, obviamente privados de toda capacidad de decidir. Según Reiner Mansch, profesor de medicina de la universidad de Gotinga, hasta un 25% de las muertes asistidas no son a petición del paciente, sino que se debe a «la incapacidad de los familiares para continuar con la situación del enfermo hasta el final.” Los poco sospechosos informes de la Fiscalía General revelan que la eutanasia se aplica a muchos enfermos inconscientes, entre los que abundan los bebés nacidos con malformaciones a los que, por descontado, nadie consulta.

El monstruo cobra vida

No es sólo con respecto a los pacientes sin capacidad de decidir. Otro estudio de la misma universidad –realizado sobre una muestra de 7.000 casos- ha establecido que le ha sido aplicada la eutanasia a un 11% de pacientes que estaban en situación de tomar la decisión de vivir o morir; pero los médicos ya no se molestaron en preguntarles. Para el dr. Verhagen es algo perfectamente natural; alguien debe decidir por aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Quizá por eso él mismo ha asistido la muerte de cuatro recién nacidos: para Verhagen, sin negar que la opinión de los padres tenga relevancia, la decisión final debe correr por cuenta de los médicos.

El sistema ha cobrado vida propia, y ahora son las autoridades sanitarias quienes deciden sobre la vida y la muerte en los casos más caracterizados, con casi completa independencia de la opinión de los pacientes y, no pocas veces, incluso de los familiares. Según la prestigiosa revista médica The Lancet, el 40% de todas las defunciones que se producen en Holanda está precedido de actuaciones médicas para acelerar la muerte.

La praxis médica real ha transformado un teórico derecho en una ampliación de las atribuciones estatales sobre la vida de las personas. Hasta el punto de que los 5.500 casos anuales en Holanda -la eutanasia constituye en ese país el 4% de las muertes; el porcentaje sube año tras año- han motivado que la Asociación Holandesa de Pacientespublicase una nota en la prensa del país denunciando que se estaba convirtiendo en costumbre el matar a los pacientes sin su voluntad ni su consentimiento y, ni siquiera, el de los familiares.

Y no parece faltarle razón a los denunciantes. De acuerdo al doctor K.F. Gunning, el proceso de banalización de la muerte producido en Holanda ha convertido en algo habitual el que, ante la notificación del traslado de un anciano a un centro hospitalario saturado, el organismo sanitario receptor conteste solicitando a la instancia médica emisora que “suministre al anciano una inyección letal.”

Una espantosa realidad

Casos muy parecidos abundan en Bélgica, donde ese está liquidando tanto a niños que nacen con deformidades como a ancianos, sin que la decisión de inyectarles la solución letal les sea notificada siquiera a los familiares. La justificación de que el anciano se encontraba deprimido es frecuente; en muchas ocasiones, tan solo se informa de la defunción una vez que ha tenido lugar.

En Bélgica y Holanda comienza a ser frecuente que, ante la visión de un caso al que podría aplicársele este tipo de medidas, no falten personas que se acerquen a inquirir cuál es la causa de que no se haya hecho; así lo relata Lionel Roosemont, padre de una chica discapacitada de veinte años, que tiene que soportar que le pregunten la razón de que a su hija no le sean aplicadas las medidas previstas por la ley.

La aprobación de la eutanasia se presentó como una solución para casos de sufrimiento insoportable y de estados terminales, algo a lo que es muy difícil oponerse en una sociedad hedonista como la europea occidental del siglo XXI. Hoy, ha terminado por convertirse en la salida lógica para aquellos que se sienten solos o socialmente aislados.

Es muy ilustrativo el caso de Mark Langedijk, al que le ha sido aplicada la inyección letal con apenas 41 años, después de solicitarla al esgrimir que el alcoholismo que padecía no tenía solución.

Langedijk pidió la eutanasia desesperado, tras someterse, sin éxito, a varios tratamientos. Una mañana de julio de 2016, Mark se levantó como cualquier otro día; estuvo bebiendo, comiendo sandwiches y fumando, tumbado al sol del verano, pero esta vez a la espera de que el médico de cabecera llamase a la puerta de la casa de sus padres, en la que aún vivía.

Con profesional cortesía, el galeno inyectó las tres preceptivas dosis bajo su aún juvenil dermis.

Mark era padre de dos hijos.

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Comentarios
4 comentarios en “La propuesta de Ciudadanos sobre ‘muerte digna’, a examen
  1. Partido repugnante. Creado en la peor y repugnante logia para llevar a cabo lo peor: neutralizar cualquier posible rebelión o reacción de los españoles as note la imposición de la barbarie.

  2. Cuando no era posible más control de los medios de comunicación y no era posible más telebasura porque la brutalidad era total … vino Zapatero y creó la sexta. Increíble. Pues lo mismo ha ocurrido con el partido este, la desvergüenza parecía total, pero no. Siempre se puede empeorar.

  3. Pobre España, triste España, ha perdido toda moral, todos valores, hedonista a mas no poder, pensamientos unipersonales, primero yo, luego yo y asta lo ultimo yo, Dios tenga misericordia y envíe al Espíritu Santo y transforme sus corazones, de no ser así y sigan en su necedad, su decadencia los llevará a la destrucción de sí mismos.

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