‘La guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma’

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Esta ha sido la denuncia contenida en el llamamiento por la paz que han firmado los líderes religiosos reunidos en Asís con ocasión la Jornada de oración por la paz. 

El Papa Francisco ha rechazado el uso de la violencia en nombre de la religión junto a los líderes de diversas religiones en la clausura del encuentro interreligioso por la paz celebrado en Asís.

El Papa ha participado en la última jornada de diálogo y paz del congreso interreligioso promovido por la Comunidad de Sant’Egidio que durante tres días ha reunido en Asís a varios centenares de líderes religiosos y políticos de todo el mundo que han firmado un llamamiento conjunto por la paz.

Durante su visita, el Papa ha participado en una oración por la paz celebrada en la Basílica de San Francisco de Asís y ha rezado junto a otros líderes religiosos por el fin de los conflictos y el establecimiento de la paz en diversas zonas del mundo.

Concluido este acto, Francisco se ha dirigido a la plaza de San Francisco de Asís, donde ha pronunciado un discurso en favor de la convivencia fraternal y la paz. Francisco criticó la utilización del «nombre de Dios para justificar la violencia» y subrayó que «sólo la paz es santa y no la guerra».

A Asís han asistido, entre otros, el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I; el presidente de la República Centroafricana, Faustin-Archange Touadéra, los premios nobel de la Paz Hassine Abassi y Amer Meherzi, el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman o el gran duque de Luxemburgo, Enrique de Nassau-Weilburg y Borbón-Parma.

A continuación, puede leer el texto completo del llamamiento por la paz de los líderes religiosos reunidos en Asís:

Hombres y mujeres de distintas religiones hemos venido, como peregrinos, a la ciudad de San Francisco. En 1986, hace 30 años, e invitados por el Papa Juan Pablo II, representantes religiosos de todo el mundo se reunieron aquí —por primera vez de una manera tan solemne y numerosa—, para afirmar el vínculo indisoluble entre el gran bien de la paz y una actitud auténticamente religiosa. Aquel evento histórico dio lugar a un largo peregrinaje que, pasando por muchas ciudades del mundo, ha involucrado a muchos creyentes en el diálogo y en la oración por la paz; ha unido sin confundir, dando vida a sólidas amistades interreligiosas y contribuyendo a la solución de no pocos conflictos. Este es el espíritu que nos anima: realizar el encuentro a través del diálogo, oponerse a cualquier forma de violencia y de abuso de la religión para justificar la guerra y el terrorismo. Y aun así, en estos años trascurridos, hay muchos pueblos que han sido gravemente heridos por la guerra. No siempre se ha comprendido que la guerra empeora el mundo, dejando una herencia de dolor y de odio. Con la guerra, todos pierden, incluso los vencedores.

Hemos dirigido nuestra oración a Dios, para que conceda la paz al mundo. Reconocemos la necesidad de orar constantemente por la paz, porque la oración protege el mundo y lo ilumina. La paz es el nombre de Dios. Quien invoca el nombre de Dios para justificar el terrorismo, la violencia y la guerra, no sigue el camino de Dios: la guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma. Con total convicción, reafirmamos por tanto que la violencia y el terrorismo se oponen al verdadero espíritu religioso.

Hemos querido escuchar la voz de los pobres, de los niños, de las jóvenes generaciones, de las mujeres y de muchos hermanos y hermanas que sufren a causa de la guerra; con ellos, decimos con fuerza: No a la guerra. Que no quede sin respuesta el grito de dolor de tantos inocentes. Imploramos a los responsables de las naciones para que se acabe con los motivos que inducen a la guerra: el ansia de poder y de dinero, la codicia de quienes comercian con las armas, los intereses partidistas, las venganzas por el pasado. Que crezca el compromiso concreto para remover las causas que subyacen en los conflictos: las situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad, la explotación y el desprecio de la vida humana.

Que se abra en definitiva una nueva época, en la que el mundo globalizado llegue a ser una familia de pueblos. Que se actúe con responsabilidad para construir una paz verdadera, que se preocupe de las necesidades auténticas de las personas y los pueblos, que impida los conflictos con la colaboración, que venza los odios y supere las barreras con el encuentro y el diálogo. Nada se pierde, si se practica eficazmente el diálogo. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz; desde Asís, con la ayuda de Dios, renovamos con convicción nuestro compromiso de serlo, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

(Traducción de Radio Vaticana)

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Comentarios
3 comentarios en “‘La guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma’
  1. ¡Ya basta de sofismas e hipocresía! Con ese tipo de encuentros, la Iglesia vende su primogenitura por un plato de lentejas, como Esaú. Otorga legitimidad a otras religiones y renuncia tácitamente a evangelizar a los fieles de las mismas en busca de paz. San Francisco de Asís se reunió con musulmanes para predicarles el Evangelio, pero reunirse para rezar por la paz hasta con fieles de una religión cuyo dios manda no tomar como amigos a los cristianos, y hacer la yihad, entre otras ´´lindezas´´, es el colmo de los despropósitos. Jesús llamó bienaventurados a los que trabajan por la paz, pero no hay que olvidar que también dijo que no había venido a traer la paz a la tierra sino la división (Lc 12,51), por causa del anuncio del Evangelio.

  2. Otra vez el Papa Francisco demuestra que no entiende nada del islam.Sin la guerra santa (yihad) practicada por el mismo Mahoma y todos sus secuaces en el poder a lo largo de casi 1400 años, es lo que ha lograado la supervivencia y la extensión del islam. ¿En que país se ha establecido el islam como hegemónico sin que fuera por la espada? Pues, al parecer ninguno. Además, el islam divide el mundo en dos: la casa del islam y la casa de la guerra. Es decir, donde no gobierna, tiene que hacer la guerra hasta que logre sojuzgar al resto de la humanidad al islam, palabra que significa sumisión. El titular suena bonita, pero no corresponde a la verdad. En vez de destruir el islam, la yihad ha hecho posible su supervivencia y su propagación.

  3. Desde luego, el papa Francisco vuelve una y otra vez a manifestar que del Islam ignora lo fundamental, lo fundamental de esta perversa, genocida y belicosa ideología, que de no haber sido porque se extiende por la fuerza de la conquista y de la espada, hoy día no pasaría de ser una secta con un puñado de seguidores. El único Islam «pacífico» es el sufismo, y esto es por el influjo cristiano que hay en el sufismo, que es además considerado herético para el canon islamista.

    Imaginémonos lo que sería el Islam hoy día si la apostasía no estuviese tan severamente castigada, a menudo con la pena de muerte.

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