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‘Seguiré trabajando hasta mi último aliento’

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Los feligreses de la parroquia de Saint Etienne du Rouvray relatan cómo el sacerdote Jacques Hamel, asesinado por ISIS, entregó sin descanso su vida a Dios y a los que lo necesitaban. 

El asesinato a sangre fría de Jacques Hamel a manos del terrorismo islámico ha conmocionado a los vecinos de Saint Etienne du Rouvray, que han relatado a los medios franceses cómo era este sacerdote católico que a sus 86 años era un ejemplo de entrega a la Iglesia.

«Él dirigió mi catequesis y mi preparación para el matrimonio, después se hizo cargo de la educación religiosa de mis hijas», cuenta Arnaud Paris, de 44 años, vecino de la localidad. Como él, muchos otros vecinos de Saint Etienne du Rouvray conocían bien a este sacerdote, que les había acompañado como pastor en su camino espiritual y también en los momentos difíciles.

Algunos habitantes de esta localidad francesa le recuerdan como un sacerdote con el que se podía contar en los buenos y malos momentos. «A menudo iba a verlo. Él me ayudó durante mi quimioterapia y después de que se fuera mi marido», relata a AFP Martine B..

«Era un hombre apasionado por lo que hacía. Sorprendía a todos por su dinamismo», ha asegurado el vicario general de la diócesis, Philippe Maheut, entrevistado pocas horas después del ataque terrorista.

El párroco de Saint Etienne du Rouvray, que en el momento del ataque se encontraba en Polonia con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, afirma en declaraciones a Le Figaro que Jacques Hamel era un hombre muy valiente que prefirió seguir sirviendo a los demás antes que retirarse «porque aún se sentía con fuerzas».

Desde la parroquia de Saint Etienne du Rouvray destacan su sencillez y la austeridad con la que vivía. Asimismo, según recoge El Mundo, sorprendía a todos por el ritmo de trabajo que llevaba a pesar de su avanzada edad. A sus 86 años, cuando le preguntaban si no preferiría retirarse, él solía responder: ‘¿Alguna vez has visto un cura retirado? Seguiré trabajando hasta mi último aliento’.

El sacerdote Augusto Moanda-Phuati, describe en Le Figaro a su compañero como «un cura valiente» que no quiso retirarse porque afirmaba que no había suficientes sacerdotes y que él podía seguir trabajando y sirviendo a la Iglesia.

Ordenado sacerdote en 1958, Jacques Hamel celebró en 2008 sus bodas de oro sacerdotales y siguió colaborando activamente con la labor de la parroquia de Saint Etienne du Rouvray. Durante los últimos años, este sacerdote había impulsado el diálogo interreligioso con la comunidad musulmana, que edificó su mezquita en un terreno cedido por la Iglesia católica.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por lograr el diálogo entre cristianos y musulmanes, finalmente este sacerdote ha muerto mártir, víctima del terrorismo islámico y la barbarie yihadista, sacrificado en el mismo altar en el que celebraba la Santa Misa cada mañana.

Según el relato de una de las testigos del ataque, la hermana Danielle, los dos yihadistas obligaron al sacerdote a ponerse de rodillas, él intentó defenderse y fue degollado mientras sus verdugos grababan el asesinato en vídeo.

«Ellos gritaban: ‘Ustedes los cristianos nos oprimen'», recuerda esta religiosa, que además cuenta cómo los terroristas dieron un sermón en árabe antes de acabar a sangre fría con la vida del sacerdote. “Era un cura extraordinario, es todo lo que puedo decir. El padre Jacques era muy grande”, asegura la hermana Danielle.

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