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El Papa recibe a Fellay y sopesa ofrecer una prelatura personal a los Lefebvrianos
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El Papa recibe a Fellay y sopesa ofrecer una prelatura personal a los Lefebvrianos

Gabriel Ariza
4 abril, 2016

“¿Por qué tanto Benedicto XVI como Francisco han sido tan benevolentes hacia la Fraternidad?”, es la esperanzadora pregunta que se hace el superior de la FSSPX en un artículo.  A continuación, la carta de Fellay reproducida por Sandro Magister. El Papa y la Fraternidad San Pío X: benevolencia paradójica por Bernard Fellay Es necesario utilizar el término “paradojal”, la paradoja de querer avanzar hacia lo que casi podríamos llamar “Vaticano III”, en el peor sentido que puede dársele a esa expresión, y por otra parte querer decirle a la Fraternidad: “Aquí son bienvenidos.” Esto es verdaderamente una paradoja, casi una voluntad de combinar los opuestos. No creo que esto sea por ecumenismo. Algunos podrían pensarlo. ¿Por qué no creo que sea por ecumenismo? Porque basta observar la actitud general de los obispos en este tema del ecumenismo: ¡Tienen los brazos abiertos para recibir a cualquiera, excepto a nosotros! En numerosas ocasiones, la gente ha intentado explicar por qué fuimos excluidos, diciendo: “No los tratan como a los demás, porque ustedes afirman ser católicos. Al decir esto, generan confusión entre nosotros, y por lo tanto, no los quieren.” Hemos escuchado esta explicación muchas veces, y ella excluye el ecumenismo. Pero si este enfoque que consiste en decir, “Aceptamos a todos dentro de la familia”, no es aplicable en nuestro caso, entonces, ¿qué es lo que queda? Creo que el Papa es lo que queda. Si al principio Benedicto XVI, y ahora el papa Francisco, no hubieran visto a la Fraternidad en un modo particular, que es diferente a esta perspectiva ecuménica que acabo de mencionar, pienso que ahora no habría nada en absoluto. Creo que, en vez de esto, estaríamos funcionando una vez más bajo sanciones, censuras, excomuniones, la declaración de cisma e intentos por eliminar a un grupo problemático. Entonces, ¿por qué tanto Benedicto XVI como el Papa Francisco han sido tan benevolentes hacia la Fraternidad? Pienso que la perspectiva de ambos no es necesariamente la misma. En el caso de Benedicto XVI, creo que se debía a su lado conservador, a su amor por la liturgia antigua, a su respeto por la disciplina pasada que existía en la Iglesia. Puedo afirmar que muchos, y estoy hablando de muchos sacerdotes, e incluso grupos que tenían problemas con los modernistas en la Iglesia, y que recurrieron a él cuando aún era cardenal, encontraron en él, primero como cardenal y luego como Papa, una mirada benevolente, un deseo de proteger y ayudarlos, al menos, en todo lo que le fuera posible. En cuanto al papa Francisco, no vemos ese apego ni a la liturgia ni a la disciplina anterior de la Iglesia. Incluso podríamos decir totalmente lo opuesto, debido a sus numerosas declaraciones en contra, lo que hace más difícil y complicado entender su benevolencia. Y, sin embargo, creo que existen varias explicaciones posibles, pero admito que no tengo la última palabra en este tema. Una de las explicaciones es el enfoque del papa Francisco hacia cualquier cosa que sea marginada, lo que él llama “las periferias existenciales”. No me sorprendería que nos considerara como una de estas periferias por las que tiene una preferencia manifiesta. Y, desde esta perspectiva, utiliza la expresión: “recorrer un camino” con la gente que se encuentra en la periferia, esperando poder mejorar las cosas. Por lo tanto, no se trata de una decisión establecida de concluir inmediatamente: un proceso, un camino, va a donde sea que éste vaya…, pero al menos se es bastante tranquilo, amable, sin saber realmente cuál será el resultado. Tal vez, ésta sea una de las razones más profundas. Otra razón: vemos que el Papa Francisco critica constantemente a la Iglesia establecida, la palabra utilizada en inglés para esto es “establishment” – también se emplea en francés de vez en cuando –, reprochando a la Iglesia por ser autocomplaciente, satisfecha de sí misma, por ser una Iglesia que ya no va en busca de la oveja perdida, la oveja que sufre, en todos los ámbitos, por la pobreza o incluso físicamente… Pero vemos en el Papa Francisco que esta inquietud, a pesar de las evidentes apariencias, no sólo es una preocupación acerca de las cosas materiales… Vemos claramente que cuando dice “pobreza” se refiere también a la pobreza espiritual, la pobreza de las almas que se encuentran en pecado y que deberían ser sacadas de ese estado y conducidas nuevamente a Dios. Aunque no siempre lo expresa tan claramente, podemos encontrar varias expresiones que así lo indican. Y desde esta perspectiva, ve en la Fraternidad una comunidad que es muy activa, especialmente si se la compara con la situación dentro del “establishment”, muy activa, en otras palabras, que busca, que sale a buscar las almas, que tiene esta preocupación por el bien espiritual de las almas, y que está lista para poner manos a la obra y trabajar por ello. Conoce a Monseñor Lefebvre, ha leído dos veces la biografía escrita por Monseñor Tissier de Mallerais, lo que muestra, sin duda alguna, un interés; y yo pienso que le ha gustado. Y también los contactos que estableció en Argentina con nuestros cófrades, en quienes vio espontaneidad y también franqueza, pues no escondimos absolutamente nada. Claro que sí intentábamos conseguir algo para Argentina, en donde teníamos dificultades con el Estado concernientes a los permisos de residencia, pero no escondimos nada, no intentamos eludir ningún problema, y creo que eso le gusta. Éste tal vez sea el lado humano de la Fraternidad, pero vemos que el Papa es muy humano, le da mucha importancia a este tipo de consideraciones, y esto puede o podría explicar una cierta benevolencia de su parte. Reitero, una vez más, que no tengo la última palabra en este tema y, sin duda, detrás de todo esto está la Divina Providencia, que se las ingenia para poner buenos pensamientos en la cabeza del Papa, quien, en muchos puntos, nos alarma tremendamente, y no sólo a nosotros: se puede decir que cualquiera que sea más o menos conservador dentro de la Iglesia está asustado por lo que está sucediendo, por las cosas que se dicen, y sin embargo, la Divina Providencia se las arregla para hacernos pasar a través de escollos de una manera muy sorprendentes. Muy sorprendente porque está claro que el Papa Francisco desea dejarnos vivir y sobrevivir. Incluso ha dicho a todo el que desea escucharlo que nunca dañaría a la Fraternidad. También dijo que somos católicos. Se negó a condenarnos como cismáticos, diciendo: “No son cismáticos, son católicos”, incluso si después utilizó una expresión un tanto enigmática, concretamente, que estamos en camino hacia una comunión plena. Quisiéramos tener alguna vez una definición clara del término “comunión plena”, porque es claro que no corresponde a nada preciso. Es un sentimiento… no se sabe bien qué es. Incluso, recientemente, en una entrevista concedida por Monseñor Pozzo acerca de nosotros, éste repite una cita que le atribuye al Papa mismo – por lo tanto, podemos considerar esto como una postura oficial: el Papa, hablando con Ecclesia Dei, confirmó que somos católicos en camino a una plena comunión. Y Monseñor Pozzo explicó cómo puede lograrse esta comunión plena: aceptando la forma canónica, lo cual resulta bastante sorprendente: ¡una forma canónica resolvería todos los problemas referentes a la comunión! Un poco más adelante, en la misma entrevista, afirma que esta comunión plena consiste en aceptar los grandes principios católicos, en otras palabras, los tres niveles de unidad en la Iglesia, que son la fe, los sacramentos y el gobierno. Cuando habla de la fe, se refiere más bien al magisterio. Pero nosotros nunca hemos puesto en duda ninguno de estos tres elementos. Y, por lo tanto, nunca pusimos en duda nuestra plena comunión, pero eliminamos el adjetivo “pleno”, para decir simplemente: “Estamos en comunión de acuerdo con el término clásico usado en la Iglesia; somos católicos; si somos católicos estamos en comunión, porque la ruptura de la comunión es precisamente un cisma”. Visitas de los prelados enviados por Roma: ¿algunas cuestiones doctrinales abiertas? Estas visitas han sido muy interesantes. Obviamente, algunas personas en la Fraternidad las han visto con un poco de recelo: “¿Qué están haciendo esos obispos en nuestra casa?” ¡Bueno! Esa no era mi perspectiva. […] Yo les dije varias veces: “Vengan a vernos.” Nunca quisieron. De pronto, súbitamente, […] un cardenal, un arzobispo y dos obispos vinieron a vernos, a visitarnos, en distintas situaciones, algunas veces en los seminarios, y también en uno de los prioratos. […] Lo primero que todos nos comentaron – ¿se trataba de una línea oficial o su opinión personal? No lo sé, pero es un hecho –, todos nos dijeron: “Estas discusiones están ocurriendo entre católicos; esto no tiene nada que ver con discusiones ecuménicas; estamos entre católicos.” Por lo tanto, desde el principio hicieron a un lado todas aquellas ideas como: “No están completamente dentro de la Iglesia, están a medio camino, por lo tanto, están fuera – ¡sólo Dios sabe dónde! –, cismáticos…” ¡No! Estamos hablando entre católicos. Este es el primer punto, el cual es muy interesante, muy importante. A pesar de lo que, en algunos casos, todavía hoy se dice en Roma. El segundo punto – que en mi opinión es aún más importante –, es que los temas abordados en estas discusiones son los clásicos temas en los que siempre ha habido escollos. Ya sea que se trate de un asunto de libertad religiosa, colegialidad, ecumenismo, la nueva Misa, o incluso los nuevos ritos de los sacramentos… Bueno, todos nos dijeron que estas discusiones eran sobre temas abiertos. Creo que esta reflexión es capital. Hasta ahora, siempre habían insistido en dejar bien claro que teníamos que aceptar el Concilio. Es difícil determinar exactamente el verdadero alcance de esta expresión: “aceptar el Concilio”. ¿Qué significa? Porque es un hecho que los documentos del Concilio son completamente desiguales, y que su aceptación se hace con un criterio gradual, según una escala de obligatoriedad. Si un texto es un texto de fe, existe una obligación simple y pura. Pero quienes pretenden, de un modo totalmente erróneo, que este concilio es infalible, exigen una sumisión total a todo el Concilio. Entonces, si eso es lo que significa “aceptar el Concilio”, decimos que no lo aceptamos. Precisamente porque lo que negamos es su infalibilidad. Si existen algunos pasajes en los documentos conciliares que repiten lo que la Iglesia ha dicho antes, en un modo infalible, obviamente estos pasajes son y seguirán siendo infalibles. Y nosotros aceptamos eso, no hay ningún problema. Por esto, cuando se dice “aceptar el Concilio”, es necesario distinguir claramente cuál es el sentido de la expresión. Sin embargo, aún con esta distinción, hasta el momento, hemos detectado una insistencia por parte de Roma: “Deben aceptar estos puntos; forman parte de la enseñanza de la Iglesia y por lo tanto deben aceptarlos.” Y aún hoy en día – no solamente en Roma, sino también en la mayoría de los obispos –, vemos esta actitud hacia nosotros, este grave reproche: “Ustedes no aceptan el Concilio.” Y ahora, de repente, los enviados de Roma nos dicen que todos los puntos que habían sido obstáculos, son cuestiones abiertas. Una cuestión abierta es un tema que se puede discutir. Y la obligación de adherirse a cierta posición queda fuertemente e incluso, tal vez, totalmente mitigada o eliminada. Creo que esto es un punto crucial. Tendremos que ver, posteriormente, si esto es confirmado, si realmente podemos discutir libremente, o mejor dicho, honestamente, con todo el respeto debido a la autoridad, para no agravar todavía más la situación actual en la Iglesia, la cual es tan confusa, precisamente en cuanto a la fe, en cuanto a lo que debemos creer, y es aquí donde exigimos esta claridad, estas aclaraciones de parte de las autoridades. Hemos pedido esto durante mucho tiempo. Nosotros decimos: “Existen puntos ambiguos en este Concilio, y no nos corresponde a nosotros aclararlos. Podemos señalar el problema, pero quien tiene la autoridad para aclararlo es Roma.” Sin embargo, reitero, el que estos obispos nos digan que se trata de preguntas abiertas es ya, en mi opinión, algo crucial. Las discusiones en sí se han desarrollado, más o menos felizmente, según la personalidad de nuestros interlocutores, porque también hubo buenos intercambios [en los cuales] no necesariamente estuvimos de acuerdo… No obstante, creo que todos los interlocutores son unánimes en su apreciación: quedaron satisfechos con las discusiones. Igualmente, quedaron satisfechos con sus visitas. Nos felicitaron por la calidad de nuestros seminarios, diciendo: “Son normales (¡Afortunadamente! Se tiene que empezar por ahí…), estas personas no son intolerantes ni obtusas, sino animadas, abiertas, alegres, simplemente individuos normales. Y este comentario fue hecho por todos los visitantes. Indudablemente, esto es el lado humano, pero no debemos olvidarlo tampoco. Para mí, estas discusiones, o más precisamente esta faceta más sencilla de las discusiones es importante, ya que uno de los problemas es la desconfianza. Ciertamente nosotros tenemos esta desconfianza. Y pienso que, sin duda alguna, Roma también la tiene respecto de nosotros. Y mientras esta desconfianza prevalezca, la tendencia natural es que tomemos cualquier cosa que se dice de manera equivocada, o que asumamos el peor escenario posible. Mientras continuemos con esa mentalidad recelosa, no podremos realizar muchos avances. Es necesario llegar a tener un mínimo grado de confianza, un clima de serenidad, para poder eliminar estas acusaciones a priori. Creo que nuestra forma de pensar sigue siendo ésta, y es también la de Roma. Esto toma tiempo. Ambas partes deben poder apreciar correctamente las personas, sus intenciones, para poder superar todo esto. Creo que esto va a tomar algún tiempo. Esto también requiere de acciones que muestren buena voluntad, y no la intención de destruirnos. Actualmente, todavía tenemos esta idea en nuestras mentes, la cual es una postura ampliamente difundida: “Si nos quieren, es para asfixiarnos, y eventualmente destruirnos, para absorbernos totalmente, para desintegrarnos.” ¡Eso no es integración, es desintegración! Obviamente, mientras esta idea prevalezca, no podemos esperar nada.

Gabriel Ariza