«Nunca aceptaré el sufrimiento de los demás como algo normal»

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kayla_muller_0Los padres de la cooperante estadounidense Kayla Mueller, fallecida en Siria durante su secuestro por Estado Islámico comparten en el Congreso #WeAreN2015 la máxima de su vida: «Nunca aceptaré el sufirimiento ajeno como algo normal».   En el marco del I Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa Todos Somos Nazarenos #WeAreN2015, el matrimonio estadounidense Carl y Marsha Mueller ha ofrecido esta mañana su testimonio como víctimas directas del terror yihadista, que se cobró la vida de su hija, la cooperante Kayla Jean Mueller, en 2015.ç Contando solo 26 años, Kayla fue secuestrada por Estado Islámico y trasladada Raqqa, bastión de la organización terrorista en Siria, la familia Mueller -sus padres, Carl y Marsha Mueller, y su hermano Eric- había guardado «silencio» para no obstaculizar la posible liberación de la trabajadora humanitaria. Pero el 6 de febrero de 2015, tras 18 meses de angustia,  la familia confirmó la noticia de su muerte: falleció tras ser alzando el lugar en el que estaba retenida durante uno de los  bombardeos jordanos a objetivos yihadistas. El matrimonio comenzaba su intervención leyendo una carta que recibieron de su hija fechada el 1 febrero de 2014, redactada durante su cautiverio y que les hizo llegar en marzo por medio de una compañera de Médicos Sin Fronteras sin conocimiento de sus secuestradores: en ella, Kayla restaba preocupaciones a sus padres por su situación y les pedía que no negociaran para su liberación. Todo, sostenido en un firme mensaje de fe: «Siento todo el sufrimiento que os he hecho pasar, perdonadme; mamá, me decías que al fin y al cabo lo único que tenemos es Dios. Estamos en un lugar en el que todo el sentido lo pone el Creador, y con vuestras oraciones me siento en manos de Dios. Él nos libera de todas las cárceles. A veces solo hay que buscar lo bueno de cada situación y rezo para que sintáis vosotros esta cercanía«».  «No me he hundido, voy a seguir luchando. No tengáis miedo por mí, gracias a Dios volveremos a unirnos», concluía la cooperante.  «No debe haber «mi gente» o «tu gente»: donde hay injusticia, es mi problema» «Desde pequeña se distinguía por ayudar a la gente, ya en el instituto se interesaba por contactar con  quienes le permitieran ayudar. Era capaz de ir a donde estaban los necesitados e idear la forma de colaborar. Apreciaba las libertades y sentía la injusticia de quienes se veían privada de ella, le atormentaba el sufrimiento de los demás», describen sus padres, que recuerdan cómo nació en su hija la necesidad de ayudar a tantos que padecían en Siria por el terror: cuando Kayla se marchó a trabajar como cooperante al sur de Turquía llevaba un año viviendo en Francia; aquí conoció a un joven sirio del que se hizo muy amigo, que cuando volvió a su país le relató el horror que estaba padeciendo su país. Fue suficiente para que se decidiera a marcharse a ayudar a los refugiados en la zona fronteriza con Siria. Carl expone como reaccionaron ellos: «¡Esta no es tu guerra”! le dijimos, preocupados; pero su respuesta en una carta fue: «No debe haber «mi gente» o «tu gente»: donde hay injusticia, es mi problema»  ¿Por qué habéis decidido venir a apoyar el Congreso? Keyla era una joven muy humilde que siempre se esforzaba en hacer mucho por ayudar a los demás. Luego fue secuestrada y asesinada y ya no pudo hacer nada más. Cuando supimos que había muerto y tanta gente se puso en contacto con nosotros para mostrarnos su solidaridad, nos dimos cuenta de que debíamos compartir su historia. Así que estamos intentando compartir la historia de Kayla y lo que fue, para que el mundo la conozca, y de esa manera ayudar a la gente que está sufriendo en el mundo. ¿El mensaje de Kayla que quieren que quede en el recuerdo? Mientras yo esté aquí, no permitiré que este sufrimiento se mantenga. Nunca aceptaré el sufrimiento de los demás como algo normal.

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