‘¡En la Cuaresma se debe luchar, una lucha espiritual contra el espíritu del mal!’

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angelus‘Tenemos la mirada dirigida hacia la Pascua, que es la victoria definitiva de Jesús contra el Maligno, contra el pecado y contra la muerte’. Así se expresó el Papa Francisco hoy en el Ángelus que rezó en la Plaza de San Pedro.


Analizando las escrituras del domingo, en las que Jesús se retira al desierto durante cuarenta días, el Papa recordó que Jesús ‘se enfrentó a Satanás “cuerpo a cuerpo”, desenmascaró sus tentaciones y lo venció’.

Francisco dijo que en la cuaresma ‘se debe luchar’, ya que ‘es un tiempo de lucha espiritual contra el espíritu del mal’. Exhortó a tener la mirada ‘dirigida hacia la Pascua’ porque ‘es la victoria definitiva de Jesús contra el Maligno, contra el pecado y contra la muerte’.

El Papa manifestó que ‘en el rumor y en la confusión’ no se puede escuchar la palabra de Dios, ya que ‘se escuchan sólo las voces superficiales’. Es en el desierto ‘en el cual se puede escuchar la palabra de Dios y la voz del tentador’.

‘Es importante conocer las Escrituras, porque de otra manera no sabemos responder a las insidias del Maligno’ recordó el Pontífice, que volvió a insistir en la importancia de leer el Evangelio: ‘quisiera volver a mi consejo de leer cada día el Evangelio: cada día leer el Evangelio, meditarlo un poquito, diez minutos; y llevarlo también siempre con nosotros’.

Durante el Ángelus, el Papa quiso hacer un regalo a los asistentes, y se repartieron unos libros -llamados “Custodia el corazón”- que Francisco dijo contenían ‘algunas enseñanzas de Jesús y los contenidos esenciales de nuestra fe, como por ejemplo los siete Sacramentos, los dones del Espíritu Santo, los diez Mandamientos, la virtud, los trabajos de misericordia, etc’ y señaló que los que repartían los libros, entre los cuales había muchas personas sin techo, ‘traen una gran riqueza’ y esa riqueza, apostilló el Pontífice es ‘la riqueza de nuestra doctrina, para custodiar el corazón’. 

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Texto completo de las palabras del Papa a la hora del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

El miércoles pasado, con el rito de las Cenizas, ha comenzado la Cuaresma y hoy es el primer domingo de este tiempo litúrgico que se refiere a los cuarenta días transcurridos por Jesús en el desierto, después del bautismo en el río Jordán. San Marcos escribe en el Evangelio de hoy: “En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras y los ángeles lo servían” (1, 12-13). Con estas pocas palabras el evangelista describe la prueba afrontada voluntariamente por Jesús, antes de iniciar su misión mesiánica. Es una prueba de la cual el Señor sale victorioso y que lo prepara a anunciar el Evangelio del Reino de Dios. Él, en aquellos cuarenta días de soledad, enfrentó a Satanás “cuerpo a cuerpo”, desenmascaró sus tentaciones y lo venció. Y en Él hemos vencido todos, pero nos toca a nosotros proteger en nuestro cotidiano esta victoria.

La Iglesia nos hace recordar tal misterio al comienzo de la Cuaresma, porque ello nos da la perspectiva y el sentido de este tiempo, que es tiempo de lucha – en la Cuaresma se debe luchar – un tiempo de lucha espiritual contra el espíritu del mal (cfr Oración colecta del Miércoles de Cenizas). Y mientras atravesamos el ‘desierto’ cuaresmal, tenemos la mirada dirigida hacia la Pascua, que es la victoria definitiva de Jesús contra el Maligno, contra el pecado y contra la muerte. He aquí entonces el significado de este primer domingo de Cuaresma: volver decididamente al camino de Jesús, el camino que conduce a la vida. Mirar a Jesús, qué ha hecho Jesús e ir con Él.

Y este camino de Jesús pasa a través del desierto. El desierto es el lugar en el cual se puede escuchar la palabra de Dios y la voz del tentador. En el rumor, en la confusión, esto no se puede hacer; se escuchan sólo las voces superficiales. En cambio, en el desierto, podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte. ¿Y cómo escuchamos la voz de Dios? La escuchamos en su Palabra. Por esto es importante conocer las Escrituras, porque de otra manera no sabemos responder a las insidias del Maligno. Y aquí quisiera volver a mi consejo de leer cada día el Evangelio: cada día leer el Evangelio, meditarlo un poquito, diez minutos; y llevarlo también siempre con nosotros: en el bolsillo, en la cartera… Tener siempre el Evangelio a mano. El desierto cuaresmal nos ayuda a decir no a la mundanidad, a los ‘ídolos’, nos ayuda a hacer elecciones valientes conformes al Evangelio y a reforzar la solidaridad con los hermanos.

Entonces, entremos en el desierto sin miedo, porque no estamos solos: estamos con Jesús, con el Padre y con el Espíritu Santo. Es más, como fue para Jesús, es precisamente el Espíritu Santo que nos guía en el camino cuaresmal, aquel mismo Espíritu descendido sobre Jesús y que nos ha sido donado en el Bautismo. La Cuaresma, por lo tanto, es un tiempo propicio que debe conducirnos a tomar siempre más conciencia de cuánto el Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, ha obrado y puede obrar en nosotros. Y al final del itinerario cuaresmal, en la Vigilia Pascual, podremos renovar con mayor conciencia la alianza bautismal y los compromisos que de ella derivan.

Que la Virgen Santa, modelo de docilidad al Espíritu, nos ayude a dejarnos conducir por Él, que quiere hacer de cada uno de nosotros una “nueva creatura”.

A Ella confío en particular, esta semana de Ejercicios Espirituales que iniciará esta tarde y en la cual tomaré parte junto con mis colaboradores de la Curia Romana.  Recen para que en este ‘desierto’ que son los Ejercicios podamos escuchar la voz de Jesús y también corregir tantos defectos que todos nosotros tenemos, y hacer frente a las tentaciones que cada día nos atacan. Les pido, por lo tanto, que nos acompañen con su oración.

Después del Ángelus el Papa dijo unas palabras:

Queridos hermanos y hermanas,

Dirijo un cordial saludo a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los peregrinos de Roma, de Italia y de diversos países.

Saludo a los fieles de Nápoles, Cosenza y Verona, y a los chicos de Seregno venidos por la profesión de fe.

La Cuaresma es un camino de conversión que tiene como centro el corazón. Nuestro corazón se debe convertir al Señor. Por eso, en este primer domingo, he pensado en regalarles a ustedes que están aquí en plaza, un pequeño libro de bolsillo titulado “Custodia el corazón”. Es esto. Este libro recopila algunas enseñanzas de Jesús y los contenidos esenciales de nuestra fe, como por ejemplo los siete Sacramentos, los dones del Espíritu Santo, los diez Mandamientos, la virtud, los trabajos de misericordia, etc. Ahora lo distribuirán los voluntarios, entre los cuales hay muchas personas sin techo, que han venido en peregrinación. Y como siempre también hoy aquí en plaza, aquellos que son la necesidad, son los mismos que traen una gran riqueza: La riqueza de nuestra doctrina, para custodiar el corazón. Tomen un libro cada uno y llévenlo con ustedes, como ayuda para la conversión y el crecimiento espiritual, que parte siempre del corazón: allí donde se juega la partida de las elecciones cotidianas entre bien y mal, entre mundanidad y Evangelio, entre indiferencia y compartir. La humanidad necesita justicia, paz, amor y sólo los podrán tener volviendo con todo el corazón a Dios, que es la fuente de todo esto. Tomad el libro, y leedlo todos.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, especialmente en esta semana de los Ejercicios, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual y Mónica Zorita– Radio Vaticana)

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Comentarios
0 comentarios en “‘¡En la Cuaresma se debe luchar, una lucha espiritual contra el espíritu del mal!’
  1. Mensaje de Nuestra Santa Madre.

    «Queridísimos hijos, escuchen la Voz de Dios en estos días de Cuaresma. Escuchen la Voz de Dios, empequeñeciéndose ustedes mismos para que Dios pueda aumentar en ustedes. Anúlense para que Su Espíritu Sea visto en ustedes. Mueran a ustedes mismos, para que Dios pueda vivir en ustedes. Sean nada para que Él pueda ser Todo. Permítanle, de esta manera, que tome completa posesión de ustedes y haga de ustedes Su Propiedad. Así pues, hijos de Mi Corazón, les digo: mientras ustedes luchen por ser algo, el Espíritu de Santidad que quiere vivir en ustedes, es sofocado por su rivalidad. No dejen que su espíritu se convierta en un rival de Dios, disminúyanse para que Él aumente. Permitan a Su Espíritu que los forme, de esta manera, hacia el camino de la Santidad. Tengan presente en sus mentes que la humildad, la docilidad y el anularse a ustedes mismos son las virtudes claves para agradar a Dios, y con ellas se convierten en pobres de espíritu, y por lo tanto, irreprochables.» TLIG 18.03.1991

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