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¿Cómo vivir la cuaresma?
Catequesis

¿Cómo vivir la cuaresma?

Redacción
15 Febrero, 2015

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El miércoles comienza la cuaresma, 40 días en los que recordamos el tiempo que Nuestro Señor pasó en el desierto.

¿Qué es la Cuaresma?

Es un período especial del año litúrgico durante el cual el pueblo cristiano se prepara para celebrar el misterio Pascual.

La Cuaresma es un tiempo oportuno para estar, junto con María Santísima y San Juan, el discípulo amado, junto a Cristo que en la Cruz consuma, por toda la humanidad, el sacrificio de su vida (cfr Jn 19, 25). «Mirarán al que traspasaron»: es tiempo oportuno para mirar con confianza el costado de Jesús, atravezado por la lanza, del cual brotaron «sangre y agua» (Jn 19, 34)! «Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que también nosotros cada día debemos «volver a dar» al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente en la alegría de la Pascua» (benedicto xvi, Mensaje para la Cuaresma 2007).

¿Por qué cuarenta días?

La teología y la espiritualidad de la Cuaresma se constituyeron en relación con diversos eventos del Antiguo y del Nuevo Testamento. El mismo número 40 nos recuerda: los días del diluvio universal; los años transcurridos por Israel en el desierto; los días transcurridos por Moisés en el Monte Sinaí; los días transcurridos por el profeta Elías en el desierto antes de llegar al encuentro con Dios en el Monte Horeb; los días de penitencia de los habitantes de Nínive; los días del ayuno de Jesús en el desierto, donde al final fue tentado por el Diablo. Todo ésto tiene un valor didáctico.

La Cuaresma es el tiempo: de la destrucción del mal, como para los hombres del diluvio; de la prueba y de la gracia, come para Israel; de la oración que dispone para el encuentro con Dios, como para Moisés y Elías; de la penitencia y de la expiación en espera del juicio divino, como imitación de los 40 días de ayuno y de penitencia con los que los habitantes de Nínive aplacaron la ira divina; del ayuno finalizado a comer el verdadero alimento, que es hacer la voluntad del Padre: «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (así le respondió Jesús a Satanás al final de los 40 días pasados en el desierto).

¿Cuáles son los grandes temas cuaresmales?

Tres son en particular los temas que son propuestos por la liturgia cuaresmal:

El tema pascual. Porque la Cuaresma es preparación a las celebraciones pascuales, el tema muerte-vida asume una importancia fundamental. Comienza desde el segundo domingo (la Transfiguración) y se hace más explícito en las dos últimas semanas.

El tema bautsimal. La Cuaresma en su estructura fundamental se formó en torno al sacramento del Bautismo administrado a los adultos durante la Vigilia Pascual. Los cristianos toman mayor conciencia del propio bautismo.

El tema penitencial. Se desarrollo sobretodo al inicio de la Cuaresma (miércoles de ceniza y el evangelio de las tentaciones de Jesús en el primer domingo).

¿Cuáles son las prácticas cuaresmales?

La Cuaresma implica un empeño ascético, individual y colectivo, cuyas formas tradicionales son: oración (Misa cotidiana sobre todo y el Via Crucis) ayuno (es el conjunto de las prácticas de mortificación: comida-palabras-diversiones): la mortificación permite una mayor disponibilidad hacia el prójimo, mayor tiempo para el voluntariado y más dinero para la caridad.

En Cuaresma la Iglesia recuerda que están mandados: ayuno y abstinencia de carne: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo; la abstinencia de carne: todos los Viernes de Cuaresma. Iglesia recomienda en particular la práctica, durante la Cuaresma, de las obras de misericordia corporales y espirituales:

Las siete obras de misericordia corporales Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Vestir al desnudo. Dar posada al peregrino Visitar los enfermos. Visitar a los presos. Sepultar a los muertos.

Las siete obras de misericordia espirituales Dar consejo al que lo necesita. Enseñar al que no sabe. Corregir al que yerra. Consolar al triste. Perdonar las ofensas. Soportar con paciencia los defectos de nuestros prójimos. Rezar a Dios por los vivos y por los muertos. Estas prácticas, «expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás » (Catecismo de la Iglesia Católica, 1434).

¿Cuál es la importancia del ayuno?

(tomado del: benedicto xvi, Mensaje para la Cuaresma 2009) «En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo.»

El ayuno, en cambio, para el creyente tiene una relevante importancia, y es rico de numerosos significados y finalidades:

Dimensión personal: Con el ayuno, de hecho, «el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia». práctica del ayuno «contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y acrecer la intimidad con el Señor». «Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación». Con el ayuno y la oración, «Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios». Tal práctica es «un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos». Del mismo modo, «ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana».

Dimensión social: El Santo Padre subraya también el significado social del ayuno, afirmando que «ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos». Lo que ahorramos ayunando, podemos destinarlo a obras de beneficiencia u obras caritativas. Por esto, exhorta a las parroquias «a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna.» Definitivamente, gracias al ayuno, la Cuaresma es el tiempo ideal «alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo».

Acerca de la limosna: ¿Cómo dar la limosna?

He aquí algunas indicaciones: debe ser escondida. «Que no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda», dice Jesús, «para que tu limosna quede secreta» (Mt 6, 3-4); realizarla: sin ofender a quien la recibe; sin mostrarnos nostros mismos (vanagloria) alegría: hay más alegría en el dar que en el recibir (cfr Hch 20, 35) en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática; no limitarse solamente a dar cosas materiales (dinero, comida…), sino darnos nostros mismos: nuestra estima, nuestro respeto, nuestro tiempo, nuestros talentos (voluntariado); ofrecer el don material, como signo del don más grande que podemos hacer a los demás: el anuncio y el testimonio de Jesucristo; lo que da valor a la limosna es el amor: un ejemplo lo tenemos en la viuda del Evangelio (cfr. Mc 12, 42-44).

¿Cómo dar la limosna?

Ayudar a quien tiene mayor necesidad compartir con lo otros lo que tenemos gracias a la bondad divina practicar la virtud de la justicia: antes y más que un acto de caridad reconocer en los pobres al mismo Cristo imitar a Cristo, quien se hizo pobre para hacernos ricos poner por obra un ejercico ascético para nosotros: para liberarnos del apegamiento a las cosas terrenas para purificarnos interiormente afirmar el principio de que no somos los propietarios sino los administradores de los bienes que poseemos, donados por Dios actuar movidos por la gloria de Dios praticarla no por filantropía sino por caridad, amor: como gesto de comunión eclesial acercarnos a Dios, acercádonos a los demás: instrumento de auténtica conversión y reconciliación con Dios y con los hermanos; obtener el perdón de los pecados. San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados: «La caridad- escribe- cubre la multitud de los pecados» (1 Pe 4, 8).

El Primicerio de la Basílica de San Ambrosio y San Carlos en Roma Monsignor Raffaello Martinelli

NB: Para profundizar el argumento, se pueden leer también: benedicto xvi Mensaje para la Cuaresma 2009

Redacción


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