La putrefacción moral de la televisión en España

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cuatroUn canal de televisión de ámbito nacional en España lanza un reality en el que juntarán a personas completamente desnudas.

«Estaba comiendo con mi hermana pequeña, y de pronto vi a una pareja completamente desnudaen la televisión». La estampa se ha repetido en muchos hogares, durante el pasado fin de semana y en el considerado horario infantil. La insólita imagen -e incómoda, más aún si hay niños- se va a repetir cada martes por la noche, a las 22:40 en ‘Adán y Eva’, el nuevo reality de Cuatro que se estrena hoy con un planteamiento increíble: concursantes desnudos que buscan el amor en una isla paradisiaca.

El programa arrancó su casting este verano, buscando candidatos que estuvieran «cansados de las estrategias de seducción» y de la búsqueda del amor «rodeado de artificios: maquillaje, prendas de ropa que realzan, camuflan, esconden o retocan la silueta, una estudiada pose en un ambiente controlado a la perfección…». Una llamada a romper con las «capas superficiales de protección»,como si el vestuario impidiese conocer más a las personas y mostrar el físico al desnudo no; como si fuera más meritorio tratar de enamorar enseñando el cuerpo sin tapujos. Y al anuncio respondieron casi un millar de españoles, dispuestos a lanzarse a la aventura como Dios les trajo al mundo. De ellos, treinta y cinco han sido seleccionados para este insólito formato, obra de la productora Eyework España y presentado por Mónica Martinez en la cadena de PRISA.

Pero el concurso no es español, aunque nuestro país ha corrido para ser el tercero en apropiarse de la llamativa producción, que se inició en Holanda con ‘Adan looking for love’ y fue secundada también en Alemania. Los precedentes en ambas resultaron un éxito de audiencia: 10% en el país de los tulipanes y 15% en el país de la cerveza. Nuestro país se ha apresurado a hacer su propia versión en la misma casa donde ya se han emitido todo tipo de realities, desde «Quién quiere casarse con mi hijo’ hasta ‘Granjero busca esposa’ y ‘Un príncipe para Corina’. Y en un escenario televisivo en el que caben todo tipo de concursos cuestionables éticamente, como el exitoso fenómeno de ‘Gran Hermano’.

Y es que cuando ya creíamos que habíamos tocado techo televisivo, aún hay espacio para más. Para un desnudo integral, «sin píxeles», como ha aclarado Baldomero Limón, el director del concurso, aunque matiza que se han propuesto «que el programa sea algo más allá que gente desnuda«, que se conozcan «sin artificios». Un objetivo que, probablemente, lograrían mejor si concursantes y espectadores no tuvieran delante a personas desnudas, cosa que seguramente les condicionará mucho más que si fuesen vestidos.

Pero para sus impulsores, desnudar a sus concursantes «aporta verdad» y «facilita» ese conocimiento profundo que les impediría conocerse a fondo si llevasen ropa. Así, después de realizar a cada persona test de personalidad y compatibilidad, les juntan por parejas completamente desnudos, durante tres o cuatro días, en una isla de Croacia, en la que se conocen con pudor, realizan actividades y deciden si la cosa va a más o no. Y si la pareja se gusta, les van vistiendo de nuevo. Eso ocurrirá entre la treintena de participantes del show, entre los que hay un 40% de mujeres, lo que hace sopesar que no hay un equilibrio de géneros, y remite a las declaraciones del equipo del programa, que no descarta que haya parejas del mismo sexo. Dice la presentadora Mónica Martínez que «la sociedad está preparada para ver un programa de televisión en el que la gente está desnuda», y defiende que no haya pixelaje para esconder sus partes íntimas porque eso «desnaturalizaría» el espacio. «No se ha hecho nunca y no se puede experimentar si no es en un programa de televisión», apunta Martínez, quizá ajena a la existencia de hoteles, playas y lugares decretados exclusivamente para nudistas. Lo llaman «experimento sociológico», como lo fue Gran Hermano, que lleva quince ediciones en nuestro país y ha degenerado en un programa de convivencia dantesco, que ha dado muchos minutos de sexo televisivo entre los concursantes. ¿Cómo evitar que haya sexo, pues, en un formato en el que unen a parejas que pueden atraerse, solas y desnudas, en una isla paradisiaca? Y si el fin no es mostrar sus intimidades, ¿por qué dejar que sobrevuelen constantemente como anzuelo para captar espectadores? Sea como fuere, lo cierto es que hay casi mil personas en España capaces de desnudarse en televisión a cambio de participar en un reality, una cifra que probablemente se multiplicará si llega a celebrarse una segunda edición. En otros países, el público ha seguido con atención el formato, principalmente el comprendido entre los 20 y los 34 años de edad. ¿Estará España maleducando al público añadiendo otro producto más a su ya desprestigiada telebasura? gaceta.es

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Comentarios
0 comentarios en “La putrefacción moral de la televisión en España
  1. Programas como este y otras inmolaridades que se ven y se defienden en occidente son usados como excusa por los terroristas islámicos para atacarnos. El imperio romano cayó por la relajación moral de sus habitantes cuando los «bárbaros» del norte tenían una moral más restrictiva. La historia se repite.

  2. Pasmado se queda uno. Es la decadencia de Occidente, la pinten como la pinten, con «píxeles» a lo hojas de higuera o parra o lo que fuera en el Edén, o al natural con desnudas integrales.

    xD, como escriben muchos jovencitos y jovencitas.

  3. No es lo peor que hay en la tele. Es inmoral pero se les ve venir de lejos. Y al menos no atacan a la Iglesia como sí hacen en otros programas que me parecen mucho más nocivos por la carga ideológica anticristiana y el sectarismo que destilan.

  4. Es cierto, xiela, pero el trasfondo axiológico o de valores propio de un programa como este titulado no gratuitamente ADÁN Y EVA es neopaganismo del duro: es como un esfuerzo por retornar al Edén antes de la caída de los primeros padres, Adán y Eva, cuando ni el hombre ni la mujer se avergonzaban de verse desnudos. Precisamente porque no habían pecado; del pecado nace el pudor. Y este programa pretende cargarse el pudor a base de negar el pecado. Por la vía roussoniana pero sin enjundia moral alguna, o sea, ni siquidera en plan hippy o comunal sino muy chuscamente.

    Esto no como dato histórico, por supuesto, sino como verdad de la fe cristiana.

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