Kasper se explica: «No existen pecados que no puedan ser perdonados»

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kasper_1716693c El Cardenal ha aclarado su postura en una entrevista: «Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión.» ————————————————————————— En su conferencia, usted explicó que hay un abismo entre la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la vivencia real de los cristianos. ¿Cómo llenarlo? Sí, ese abismo obviamente existe, y no sólo en Italia. Pero ya existía aún durante la vida de Jesús. Aún los apóstoles se quedaban muy sorprendidos con sus palabras. Pero, cuando Jesús dice que aquello que Dios unió el hombre no puede deshacer, él también dice que es Dios que conecta, que abraza las dos personas, que quiere ayudarlas para que puedan tener éxito en su proyecto de vida. Tal vez debiéramos comprender, interpretar y explicar bien la doctrina de la Iglesia. La doctrina no quiere ser un fardo, un peso, pero sí una invitación y también una ayuda para encontrar la felicidad. Eso no significa que no haya problemas. Existen muchas dificultades y no solo morales; hay problemas de economía, de condiciones de trabajo. Y hay también una tarea social de la Iglesia que debe contribuir para que nuestra sociedad moderna sea más amigable para las familias. Usted defiende que no es preciso partir de una lista de enseñanzas y mandamientos, ni fijarse en las cuestiones controversiales ¿Cómo actuar, entonces? Los mandamientos de Dios quieren ayudar a encontrar la libertad, la felicidad. Nosotros debemos explicar eso. Y es una enseñanza que podemos ofrecer, pero no imponer. Yo creo que debemos mostrar la belleza de la familia, la belleza de la vida cristiana. La belleza convence, no los mandamientos impuestos al otro. Sin embargo, esos mandamientos, a veces, son percibidos como un peso. Especialmente cuando una unión fracasa. El fracaso también es posible para un cristiano, y vemos que hoy, infelizmente, hay muchos matrimonios que fracasan. Pero, aún en esas situaciones, la Iglesia debe estar cerca, ayudar, aconsejar, animar. El gran problema que estamos debatiendo es cómo hacer todo eso sin alejarse de la doctrina. Porque debemos ser claros: la doctrina no puede ser evadida, y no se puede cambiar la palabra de Jesús, que es vinculante. Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión. Me gustaría decir también que no existen «los divorciados» en segunda unión. ¿En qué sentido? Quiero decir que no es posible una solución única, porque las situaciones son muy pero muy diversas. Es preciso discernimiento, prudencia y sabiduría para ayudar a esas personas. Me pregunto, por ejemplo, qué hacer con una mujer abandonada por el marido con hijos, que tiene una nueva situación, tal vez con otros hijos. El primer matrimonio fracasó, no pudo realizar lo que prometió delante de Dios, de la Iglesia y de los hombres. Pero, ahora, ella no puede volver a la primera situación, y abandonar la segunda también sería una nueva culpa. Sin embargo, yo me pregunto, si ella hace lo que puede hacer, si vive una buena vida cristiana, si educa a sus hijos en la fe, ¿se le puede negar la absolución del pecado? Todo pecado puede ser perdonado si el pecador lo pide. A mi parecer, delante de Dios, no es posible que haya una situación en que alguien se encuentre inmerso en un agujero sin salida. Eso está contra la misericordia de Dios. No existen pecados que no puedan ser perdonados. Concretamente, ¿eso significa que es posible aproximarse nuevamente a los sacramentos? Es una pregunta que yo hago. Si esa persona cree en el perdón de los pecados, aunque se encuentre en esa situación, ¿puede aproximarse nuevamente a la mesa del Señor? Pero yo no puedo dar una respuesta, no soy yo quien puede decidir, es la Iglesia la que debe decidir. Habrá un Sínodo extraordinario y, después, uno ordinario sobre la familia, y el Sínodo, con el Papa, va a decidir sobre ese punto. Hay muchas personas que esperan una solución. Repito. La respuesta no puede ser general, porque las situaciones son diferentes. Pero demos una solución para las personas que viven en nuestras parroquias, que se comprometen, que tienen un deseo sincero por ese sacramento. No buscamos una solución fácil para quien vive esas cosas de modo muy superficial, muy distante de la Iglesia. Es preciso una ayuda de misericordia, sin tocar la doctrina y en la palabra de Jesús. No sería una ayuda para que las personas abandonen la doctrina. Pero el fracaso es posible, todos nosotros somos pecadores y necesitamos del perdón de Dios todos los días. Sobre eso abrimos un debate libre, abierto, incluso público, como quiere el Papa. Y aún si alguien intentó impedirlo, eso no es posible. Es una cuestión que afecta muchas personas. Se habló también de nulidad. ¿Eso es un problema? Muchos curas de almas están convencidos de que muchos matrimonios, en sentido canónico, no son válidos. El matrimonio es un sacramento y presupone la fe, y si la fe no existe, el matrimonio en el sentido canónico es nulo. Es preciso pedir que los procedimientos para la declaración de nulidad sean más rápidos, más simplificados. Con relación a eso, hay un consenso creciente entre los obispos. Y, después, debemos pensar en la catequesis. Muchos son bautizados, pero no evangelizados; son bautizados, pero, de hecho, no son verdaderos cristianos; son bautizados, pero son paganos. Y, si se casan en la Iglesia sin la fe, el sacramento no es posible. Por eso, es preciso mejorar la preparación prematrimonial partiendo ya de antes, de la pastoral juvenil. La entrevista es de Annachiara Valle, publicada en la revista Famiglia Cristiana el pasado 15 de marzo. Traducción del blog Buena Voz

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0 comentarios en “Kasper se explica: «No existen pecados que no puedan ser perdonados»
  1. Es que no hay agujeros sin salidas… Dios no pide a nadie imposibles. Si Dios dice: «no peques más» es porque resulta posible un camino de conversión. Si no entendemos esto no entendemos el Evangelio ni la gracia. «Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas» (san Pablo).

  2. Kasper plantea el problema en plan lacrimógeno, para forzar las cosas, y esto está muy feo para un Cardenal. Si una mujer es abandonada por su marido, y después tiene hijos de un segundo matrimonio, y quiere recibir los sacramentos, la Iglesia siempre ha enseñado que además de arrepentirse, no puede hacer vida marital con quien no es su marido, ¿Por qué para Kasper esto no es suficiente? Lo que plantea Kasper no es una conversión autentica del pecador, sino una acomodación facilona.

  3. En primer lugar doy gracias a Dios porque en la Iglesia, Cuerpo Místico de Dios Hijo, se empiezan a dar pasos realmente evangélicos y movidos por auténtica misericordia cristiana.
    La unión de un hombre y una mujer creyentes, se santifica ciertamente con el sacramento matrimonial en un contexto de amor y entrega mutua y total entre ambos cónyuges. Es lo ideal y lo que debe buscarse con ahínco y con todas las fuerzas, e implorando la ayuda divina con confianza.
    Pero… desgraciadamente, el pecado nos rodea y acosa. La fragilidad humana de uno o de ambos cónyuges, puede llevar a situaciones de «no retorno» en la relación matrimonial. Y ahí ya no hay AMOR MUTUO, NI ENTREGA RECÍPROCA, NI AFÁN DE SANTIFICARSE EN EL MATRIMONIO. ¿Qué clase de sacramento queda donde ya solo hay odio, rechazo o maltrato constante?
    Muchas personas, totalmente inocentes de esta situación -pues la iniciativa de la ruptura es del otro cónyuge-, quedan condenadas a vivir en soledad y fuera de la vocación a la familia y al matrimonio para la que están llamadas.
    Creo que es una injusticia y una falta de misericordia enorme mantener a estas personas condenadas sin culpa.
    Finalmente, creo necesario advertir que con mis 72 años de edad actual, he vivido siempre una feliz relación matrimonial y familiar con esposa e hijos. Pero conozco numerosas personas muy creyentes de verdad, que sufren este trato discriminatorio e injusto de no poder vivir una nueva relación matrimonial bajo pena de quedar excluido de los sacramentos.
    Creo que más que juzgar y condenar a nadie, es momento de orar muy fervientemente a Dios para que ilumine y ayude a la Iglesia a encontrar y cumplir lo que es su voluntad divina para nosotros en los tiempos actuales.
    Y, que Dios nos bendiga a todos, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna en su reino.

  4. Yo no soy experto pero cada persona es un mundo y se tendría que analizar cada caso. Yo como cristiano pienso que lo primero es la voluntad de Dios aunque eso merezca ciertos sacrifios para purgar nuestros pecados, si un matrimonio fracasa pero la mujer quiere santificarse tendrá que rezar por su marido y vivir su cruz por amor a Dios. Si prefiere volver a casarse por lo civil, tiene hijos con su nuevo marido y el anterior matrimonio no es nulo ella sabe que vive una vida alejada de la voluntad de Dios y tendrá que sufrir con amor la cruz de sus malas decisiones para santificarse y purgar sus pecados. Esa mujer no tiene que preocuparse porque podrá ser santa e ir al cielo aunque su situación parezca irremediable

  5. El camino de la misericordia inicia desde la gracia. Dios ilumina el corazón y permite ver que uno ha pecado. Sólo entonces se pueden dar pasos hacia la ruptura con el pecado, y todo pecador puede cambiar de vida desde el Amor de Dios. También puede cambiar quien ha vivido por mucho tiempo en una situación irregular y descubre que no puede mantener una vida de pareja como si nada hubiera pasado. La verdadera misericordia permite el cambio de vida. No hay conversión, en cambio, si uno acepta el pecado como algo estable en la propia vida…

  6. La indisolubilidad matrimonial y el resto de los bienes del matrimonio son de derecho natural, no de fe. El matrimonio entre no bautizados también es indisoluble.

  7. Creo que no debemos formar una pelea por que postura tomar, como pueblo de Dios oremos por nuestros pastores, para que sea el Espíritu Santo obrando y hablando a través de los sucesores de los Apóstoles, es muy fácil tomar una posición según nuestra experiencia, pero que difícil es cuando nos toca a nosotros, exijamonos nosotros mismos, pero tengamos caridad con el otro, así no caeríamos en el fariseo que juzga y pone cargas insoportables…OREMOS.

  8. La caridad no está reñina con la verdad. Volver a leer lo que dijo Pablo VI en la «Humanae vitae» sobre eso ayudaría mucho en este tema y en tantos otros.

  9. Hermanos:

    No soy un conocedor de la Teologia, pero percibo al Espiritu de Dios, y dejemos que el nos conduzca hacia el Proyecto de Dios.

    Pongamos en manos de Dios a los actuales pastores en su discernimiento, oremos con todo el corazon por ello.

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