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Fernando Sebastián: «que no espere nadie que el Papa traicione la fe de la Iglesia, ni su moral»

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El recién nombrado Cardenal ha concedido dos entrevistas en las que habla de su designación y de los retos del Papa Francisco.La entrevista en «El periódico de Aragón»:

–¿Ser nombrado cardenal supondrá una grata sorpresa?

–Sí. No la esperaba por lo que la recibí con gran alegría y mucha emoción. Aunque no lo merezca, supone una gran reconocimiento de mi labor y una muestra de consideración por parte del papa Francisco. El nombramiento significa que estoy andando por el buen camino. Además, para mí es un reconocimiento muy amplio dado que todo el mundo me está felicitando.

–¿Había coincidido en alguna ocasión con el Papa?

–En 1996 nos dio ejercicio a los obispos españoles y ya siendo Papa hemos coincidido en alguna ocasión con motivo de la peregrinaciones del obispado de Málaga a Roma donde he podido conversar con él.

–Un Papa que sorprendió al pronunciarse sobre la homosexualidad.

–El Papa nunca se ha pronunciado sobre este tema.

–Pero sí que dijo que él no era quién para criticarlos por su orientación sexual.

–El Papa dice que son dignos de respeto como personas, pero no que sea legitimable, ni que el matrimonio entre personas del mismo sexo vaya a ser reconocido por la Iglesia. Nunca ha dicho que este tipo de uniones seas legítimas, porque Dios hizo al hombre y a la mujer y el matrimonio es una unión entre el hombre y la mujer. Todo los demás son deficiencias que hay que atender y que no son el plan de Dios. La Iglesia solo responde a la doctrina de Jesucristo, el resto no es legítimo.

–La ley del aborto promovida por el Gobierno ha despertado muchas voces críticas.

–Todas las mujeres que quieren abortar lo que buscan es quitarse del medio a sus hijos para disfrutar de la vida. ¿Cuántas niñas hay que quieren abortar por ser violadas? Esa es la pregunta. De los 120.000 abortos al año ¿cuántos son por violación? Este debate esta pervertido. Nadie quiere reconocer la verdad que es que se está matando a un niño que empieza a vivir en el vientre. El aborto es matar un niño y nadie quiere mirar al frente. Esta hipocresía está pervirtiendo las conciencias.

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–Las mujeres exigen su derecho a decidir si son madres.

–¿Hay en España alguna mujer que se siente con derecho a matar a su hijo? Que se lo pregunte.

–Criticó la posición del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y su partido que también exigen que las mujeres decidan cuándo ser madres.

–Rubalcaba en lugar de atacar al PP lo que tiene que hacer es preguntar a las mujeres si se ven con el derecho de matar a su hijo por encargo, es decir, en una clínica.

–¿Es cierto que está cambiado la Iglesia desde la llegada del nuevo Papa?

–No hay que creer a quien dice que la Iglesia funciona mejor o que está cambiando. Todos los papas cuando son nombrados realizan cambios y simplifican la administración. Cada papa se encuentra con unos problemas. La institución ha crecido mucho y ahora nos encontramos en un mundo globalizado y hay que adaptarla a las nuevas circunstancias. Muchas voces que hablan de cambios vienen de disidentes que quieren que la Iglesia les de la razón, pero nunca va a estar de acuerdo con los laicistas ni con aquellos que quieren que la Iglesia renuncie a sus derechos.

–Entonces, si la Iglesia se adapta a nuevas circunstancias tendría que entender los nuevos modelos de familias o el matrimonio entre personas del mismo sexo.

–Este tipo de uniones no son legítimas. No entran en el plan de Dios. El matrimonio es la unión entre el hombre y la mujer.

La entrevista en La opinión de A Coruña.

-¿Cómo ha vivido las primeras horas tras conocer su nombramiento?

-Casi sin darme cuenta. Me enteré mientras estaba celebrando la eucaristía en la catedral y cuando llegué a casa tenía ya montones de llamadas en el teléfono y emails. Y el lunes estuve, salvo la media hora de comer, todo el rato hasta la una de la mañana, contestando llamadas y respondiendo felicitaciones. Fue realmente agotador, así que he dormido muy bien, aunque con la ayuda de una pastillita de Orfidal. A mí es que no me alteran demasiado las cosas. El día que tenía que defender mi tesis en Roma me tuvieron que despertar de la siesta.

-¿Cómo valora esta llamada del Papa?

-Lo valoro mucho porque a estas alturas de la vida ya no lo esperaba. Llevo siete años jubilado y tengo 84 años. En cambio, el Papa ha tenido este gesto de amabilidad y de reconocimiento por los servicios a la Iglesia. Esto me llena de satisfacción, aunque me avergüenza un poco, lo confieso. Seguro que hay otros muchos que han hecho tantos o más servicios que yo, y por otra parte, servir a la Iglesia es un premio para uno mismo. Estoy muy contento y orgulloso de haber podido hacer lo que he hecho y solo lamento no haber podido hacer más y haberlo hecho mejor. Me siento muy contento y así se lo he manifestado al Santo Padre en una carta que he escrito esta pasada noche.

-¿Conocía ya al Papa?

-Tengo cierta relación con el Papa, pero no es muy intensa. La primera vez que lo traté fue en 1996. Siendo cardenal arzobispo de Buenos Aires vino a dirigir los ejercicios espirituales a los obispos españoles. Asistí y tuve interés en ir a saludarle, porque era comisario pontificio del Lumen Dei, que tenía varias comunidades en Buenos Aires. Mi sorpresa fue cuando entré en su despacho y supe que me conocía. Y no solo eso: me dijo que era discípulo mío y que había leído todo lo que yo había ido publicando. Eso ya creó una cierta cercanía y cuando le hicieron Papa le felicité. En julio tuve la oportunidad de acompañar a Jesús Catalá en la peregrinación diocesana, y también hablamos. Concelebré con él y pude hacerle entrega de mi último libro sobre la fe. Hemos hablado brevemente en tres o cuatro ocasiones. Sabe que existo y yo le tengo una gran estima y una gran admiración, porque es un hombre de muchísimos valores.

-¿Qué le parece al nuevo cardenal la reforma de la ley del aborto?

-Para un católico no puede ser válida ninguna ley del aborto. El debate sobre el aborto en España está pervertido desde el principio, porque no quieren reconocer qué es de verdad. Se habla de la interrupción del embarazo como si éste fuera un sarampión o unas varices y nunca se habla de lo que realmente es: eliminar la vida de un ser humano en las primeras fases de su desarrollo en el vientre de su madre. Y yo me pregunto: ¿Hay alguna mujer que se sienta con el derecho de matar a su hijo? A eso es a lo que tendría que responder el señor Rubalcaba.

-¿Qué cree usted que espera el Papa de los nuevos cardenales que ha nombrado?

-Eso es algo que tendría que responder el Papa. A mí hasta ahora no me ha hecho ninguna encomienda. Normalmente los cardenales son colaboradores personales y consejeros del Papa en los temas más delicados de la Iglesia. Supongo que algo de esto tendremos que hacer. Pero no dejan de ser suposiciones. No tengo experiencia del asunto.

-¿Estima que el Papa, a través de gestos, está reconciliando con la Iglesia a muchos que se habían alejado de ella?

-El Papa tiene un don de sencillez, de cercanía, de ir a lo sustancial, de decirnos los contenidos del Evangelio con un lenguaje muy realista y comprensible. Llega al corazón… Pero que no espere nadie que el Papa traicione la fe de la Iglesia, ni su moral. Ahora parece que hay muchos disidentes de la Iglesia que quieren llevarse al Papa a su terreno y se equivocan, porque el Santo Padre no va a legitimar el aborto, ni el matrimonio homosexual… No va a traicionar nunca la fe tradicional de los apóstoles. Lo que tienen que hacer esos disidentes es venir a la Iglesia y confesarse con el Papa.

-¿Comparte que su designación ha llegado un poco tarde?

-No la comparto porque nunca esperé ser cardenal. Ni lo he deseado. Incluso ahora me cuesta un poquito de sacrificio meterme en esta danza. En la Iglesia trabajamos siempre a fondo perdido. Nunca he tenido sensación de que con mi trabajo merecía ningún reconocimiento. He trabajado por mis convicciones y porque creo que Jesús es verdaderamente lo mejor para la Humanidad y me parecía lo más importante poder colaborar en su anuncio para el bien de mis hermanos. Por hacer eso ni merezco, ni necesito ni esperaba ningún reconocimiento. Estaba feliz como estaba.

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