«Visitando este lugar quisiera ofrecer a todos la palabra salvadora y siempre nueva del Evangelio”

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El Papa Francisco ha visitado esta mañana al Presidente de la República Italiana Giorgio Napolitano en el palacio del Quirinal, donde ha llegado poco antes de las 11 después de haber atravesado en automóvil el centro de Roma. A su llegada ha sido acogido por el Jefe del Estado en el patio de honor del palacio, donde ha recibido los honores militares y se han interpretado los himnos del Estado de la Ciudad del Vaticano y de Italia. A continuación, el presidente Napolitano ha acompañado al Papa a su biblioteca en cuya antesala le esperaban los miembros del Gobierno. Este es el tercer encuentro entre el Santo Padre y el Presidente: el primero fue el 19 de marzo, día de inicio del pontificado; el segundo el pasado 8 de junio cuando el Jefe del Estado fue al Vaticano. Hoy, el Obispo de Roma ha devuelto esa visita.

Francisco ha agradecido al presidente Napolitano sus numerosos gestos de atención durante estos ocho meses de pontificado que se suman, ha dicho, a los manifestados durante siete años a Benedicto XVI, a quien ha recordado con afecto rememorando la visita que efectuó al Quirinal en 2008, y que en aquella ocasión definió como el hogar simbólico de todos los italianos. «Visitando este lugar tan cargado de símbolos e historia -ha proseguido- quisiera llamar idealmente a la puerta de todos los habitantes de este país , donde se encuentran las raíces de mi familia terrenal, y ofrecer a todos la palabra salvadora y siempre nueva del Evangelio”.

El Papa ha mencionado los momentos claves de las relaciones entre el Estado italiano y la Santa Sede, citando la inclusión en la Constitución de la República del Tratado de Letrán y el Acuerdo sobre la revisión del Concordato, del que, dentro de poco, se cumplirán treinta años y que representan “el marco normativo sólido para el desarrollo sereno de las relaciones entre Estado e Iglesia en Italia; marco que refleja y apoya la colaboración diaria en el servicio de la persona humana, en vista del bien común, en la distinción de los respectivos papeles y ámbitos de acción. Nuestras preocupaciones, ante muchas cuestiones son comunes y las respuestas pueden ser convergentes. El momento actual está marcado por la crisis económica que es difícil de superar, y, entre cuyos efectos más dolorosos, está el de la escasez de trabajo. Es necesario multiplicar los esfuerzos para aliviar las consecuencias, y para captar y fortificar cualquier signo de recuperación”.

En ese contexto, “la tarea principal de la Iglesia es dar testimonio de la misericordia de Dios e impulsar respuestas generosas de solidaridad para abrir un futuro de esperanza, porque allí donde la esperanza crece, se multiplican también las energías y el compromiso con la construcción de un orden civil y social más humano y justo, y emerge un nuevo potencial para un desarrollo sostenible y sano”. El Santo Padre ha recordado sus visitas pastorales en Italia, ante todo Lampedusa donde vio de cerca “el sufrimiento de los que a causa de la guerra o la miseria emigran en condiciones desesperadas” y constató al mismo tiempo “la encomiable solidaridad de los que los acogen”. Tampoco olvidó Cagliari donde rezó ante la Virgen de Bonaria y a Asís para venerar al patrono de Italia cuyo nombre ha tomado. “También en estos lugares -ha afirmado- he tocado de cerca las heridas que hoy afligen a tantas personas”.

La familia, “fulcro de las esperanzas y las dificultades sociales”, ha sido el último argumento del discurso del Papa que ha subrayado cómo la Iglesia fomenta el compromiso de personas e instituciones para apoyar a la familia, “lugar primario donde se forma y crece el ser humano, se aprenden los valores y los ejemplos que los hacen creíbles”. Esa institución “necesita estabilidad y reconocimiento de los vínculos mutuos, para llevar plenamente a cabo su tarea insustituible y cumplir su misión y, al mismo tiempo que pone al servicio de la sociedad sus energías, pide ser apreciada, valorada y protegida”.

El Obispo de Roma se ha despedido del Presidente del Estado con la esperanza “sostenida por la oración de que Italia, parta de su rico patrimonio de valores civiles y espirituales para encontrar de nuevo la creatividad y la armonía necesarias para su desarrollo armónico , para promover el bien común y la dignidad de cada persona , y ofrecer a la comunidad internacional su contribución a la paz y la justicia”.

Pero antes de volver al Vaticano, el Papa ha encontrado a los trabajadores del Quirinal que le esperaban junto a sus familias. Francisco ha agradecido al presidente Napolitano ese momento tan familiar y a los pequeños les ha dicho directamente que son muy importantes. El Santo Padre, recordando que entre los empleados del Quirinal hay personas al tanto de los problemas sociales y familiares que los italianos quieren que conozca su presidente, les ha invitado a ser acogedores y comprensivos con todos. “Necesitamos -ha dicho- personas que estén comprometidas con profesionalidad y con un agudo sentido de la humanidad y la comprensión, con una especial atención solidaria hacia los más débiles. Os animo a no desanimaros ante los problemas, sino a estar dispuestos a apoyaros los unos a los otros”.

 

Fuente: Vatican Information Service

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