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¿Quién es…Carlos López Hernández?

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Obispo de Salamanca   Carlos López Hernández nació en la localidad abulense de Papatrigo en el año 1945. Tras los estudios pertinentes fue ordenado sacerdote el día 5 de septiembre del año 1970. En el mismo año se diplomó en Liturgia por el Instituto Superior Pastoral. Posteriormente entre los años 1974 y 1982 se Licenció en Teología y se Doctoró en Derecho canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Como sacerdote comenzó como cura ecónomo en el municipio de Muñosancho entre los años 1977 y 1979. En 1980 se trasladó hacia Alemania donde estuvo como colaborador científico en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Múnich hasta 1983 en que regresó a España. En 1984 durante un año fue el párroco en Narros de Saldueña y durante este tiempo fue también Vicario Judicial de la Diócesis de Ávila y en 1993, Vicario Episcopal para el Sínodo de Ávila, ambos cargos hasta 1994. El día 15 de marzo del año 1994, el papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Plasencia, recibiendo el Sacramento del Orden el día 15 de mayo del mismo año, a manos de su consagrante el -entonces Nuncio Apostólico en España- Mons. Mario Tagliaferri y teniendo como co-consagrantes en la ceremonia de la toma de posesión al -entonces Arzobispo de Toledo- el cardenal Marcelo González Martín y al -entonces Arzobispo de Zaragoza- Mons. Elías Yanes Álvarez, sucediendo al anterior obispo de la diócesis Santiago Martínez Acebes.

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Tras diez años como obispo de Plasencia, el día 9 de enero del año 2003 el papa Juan Pablo II, lo nombró  nuevo Obispo de la Diócesis de Salamanca, tomando posesión el día 2 de marzo del mismo año, donde sucedió al anterior obispo Mons. Braulio Rodríguez Plaza, cargo que actualmente mantiene. A partir de noviembre de 2005, fue nombrado Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca, teniendo como Vicecanciller al actual Obispo de Almería Mons. Adolfo González Montes. Y también desde el año 2006 es nombrado Presidente de la fundación de carácter religioso «Las Edades del Hombre». Desde el año 1993 es miembro de la Conferencia Episcopal Española (CEE), perteneciendo hasta 1999 ala Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, entre 2002 al 2005 perteneció ala Comisión de Liturgia, y actualmente es el Presidente de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos. En una ocasión explicaba así lo que era el gobierno de una diócesis «La  presidencia de la iglesia  en una diócesis le corresponde al obispo como sucesor de los apóstoles, pero el hace esa tarea  en comunión  con los presbíteros y todos los sacerdotes y también escucha el parecer de los fieles laicos, porque todos hemos recibido el Espíritu Santo en el Bautismo  y en la Confirmación  y por tanto todos tenemos un sentido de la fe y  algo que decir , pero ciertamente al obispo le corresponde una función especial como sucesor de los apóstoles ; es el interprete último y como maestro en comunión con Jesús  y para interpretar lo que nos dice la palabra de Dios». Dijo que hay «muchas maneras» de ayudar a personas en la crisis económica, sobretodo «a las personas más cercanas a vosotros, que conocéis, las podéis ayudar de forma directa. Las familias están colaborando mucho ayudando a sus familiares :hermanos, hijos.. «. Añadió que «otra forma general -de ayudar- es a través de Caritas, que es un organismo de la iglesia que es el responsable de coordinar toda la comunidad de los cristianos». Y prosiguió «Entonces lo que se aconseja es que las personas que quieran colaborar con el dinero que tienen disponible, lo entregan a Caritas y lo distribuye a las personas que lo necesitan y es muy importante hacerlo porque el año próximo va a ser muy difícil, va a ver muchas personas que están en paro; y tenemos que tener un corazón muy abierto».

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Se le hizo la típica pregunta del porqué de las «riquezas» del Vaticano, cuando la gente muere de hambre, a lo que contestó «Esta es una pregunta muy curiosa, a lo largo de los siglos han ido surgiendo obras de arte. El Vaticano las riquezas que tiene son obras de arte que la iglesia ha ido teniendo como también en catedrales, parroquias; esas obras de arte están al servicio de la liturgia  y a disposición de todo el que la quiera ver. Estas riquezas no se pueden vender; el mantenimiento de la catedral por ejemplo cuesta mucho dinero. No tendría  mucho sentido pensar que se hace con la Capilla Sixtina para dar de comer a la gente, pues hay muchos medios. Para ayudar a los pobres, no hace falta desprendernos de algo que no sabemos donde iría  a parar. Los bienes artísticos no son bienes de mercado».

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Declaró que el obispo es «el  principal responsable de la pastoral, del cuidado de la iglesia» y que hace su trabajo «en colaboración con los sacerdotes». «Hay algunas que el presbítero lo hace en nombre del obispo, pero hay sacramentos del orden que solo los puede administrar el obispo» añadió, para terminar diciendo que «el obispo es el encargado de que la palabra de Dios se predique de  forma auténtica». Comentó que su trabajo diario consiste en «recibir visitas, por las mañanas en el  obispado, reuniones de todo tipo atender la correspondencia, resolver asuntos, preparar documentos y de todo». Con motivo de la renuncia de Benedicto XVI mandó una carta a toda la diócesis en la que decía «Benedicto XVI nos ha sorprendido con su renuncia» y declaró que había sido «un papa profundamente creyente y sabio, evangélicamente libre, bondadoso, humilde y sencillo, que se había ido ganando día a día el afecto filial de los católicos y el respeto de las personas más lúcidas y comprometidas en la búsqueda de la verdad y en la defensa de los auténticos valores y derechos humanos».

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Consideró «lúcida y responsable» la decisión del Papa, aunque reconoció que fue una sorpresa por ser «inusual y marcar, por ello mismo, una forma nueva de ejercicio del papado, en contraste con el testimonio ofrecido por el beato Juan Pablo II». Reconoció que «igualmente se puede admirar la fortaleza de espíritu de Juan Pablo II, llevando la cruz de la misión hasta la muerte, y la fortaleza de espíritu de Benedicto XVI, reconociendo la limitación con humildad». Por último agradeció su labor diciendo «Benedicto XVI ha gastado con abnegación ejemplar los últimos años de su vida al servicio del único Señor de su vida en los miembros de su Cuerpo, en la Madre Iglesia. Por todo ello, gracias, Santo Padre, que el Señor se lo pague».  

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