Infovaticana
Ateos e increyentes, o sea, idólatras
Manuel Guerra

Ateos e increyentes, o sea, idólatras

D. Manuel Guerra
29 abril, 2016

En una de las bitácoras anteriores veíamos que, si se habla con propiedad, no existen ateos ni increyentes. Presento mis disculpas si la calificación: “idólatras” suena hiriente a los oídos de los que se proclaman ateos o increyentes, a veces no sin cierto aire de autosuficiencia y superioridad.

  1. EL CONOCIMIENTO ANALÓGICO DE LO DIVINO

1.1. ¿Dios a la luz de la razón humana como el color rojo según los ciegos de nacimiento?

Invito al lector a hacer la experiencia de averiguar qué entiende un ciego de nacimiento por alguno de los colores, por ejemplo el rojo. Siempre que lo he intentado, me han pedido puntos de referencia o identificación de ese color, y siempre desde lo acústico. Es lógico, pues los ciegos –tal vez por compensación- suelen tener muy desarrollado el sentido de la audición. En esa circunstancia uno se ve obligado a comparar el color rojo, el color más fuerte y excitante, con el sonido fino, penetrante del violín. ¿Pero, qué diría el ciego de nacimiento si lograra ver? Y esto a pesar de que la imagen visual y la acústica son de la misma naturaleza (ondas vibratorias), aunque de distinta frecuencia.

Entre Dios y la razón humana hay una distancia “infinitamente” mayor que entre el color y el sonido. Por eso nuestro conocimiento de lo divino a la luz de la razón es analógico, simbólico, metafórico.

1.2. Es relativamente fácil saber que Dios existe, muy difícil saber cómo es Dios

El pensador español Xavier Zubiri (Naturaleza, historia y Dios, Editora Nacional, Madrid 19787, p. 353) pone en relieve unas palabras de santo Tomás se Aquino (Summa Theol I q. 2 a. 1 ad 1um): “Conocer a Dios de cierta manera confusa es algo que nos está naturalmente inserto (…). Pero esto no es conocer simpliciter que Dios existe. De la misma manera que conocer que alguien viene no es conocer a Pedro, aunque sea Pedro el que viene”. Con otras palabras, una cosa es saber que alguien viene y otras saber quién es o cómo es el que viene. Para saber que alguien viene no suele ser necesario aplicar la oreja a la tierra como en las películas de indios estadounidenses para escuchar el galope lejano de los caballos; se presiente la mayor o menor cercanía de alguien por sus pisadas, olor, etc. Es fácil saber que Dios existe, muy difícil conocer cómo es Dios. Más aún, en épocas de predominio sensorial como la helenística y la actual, puede resultar difícil hasta llegar al conocimiento de la existencia de Dios por medio de la razón.

Lea la bitácora completa aquí.

D. Manuel Guerra


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